M13, un fósil de la Vía Láctea capturado desde el Observatorio Lyra
- Alberto Pisabarro

- hace 2 días
- 4 min de lectura
Hay objetos en el cielo que destacan por sus colores, otros por sus formas, y algunos, muy pocos, por la sensación de antigüedad que transmiten.
M13, el Gran Cúmulo de Hércules, pertenece a esta última categoría.
Observarlo es asomarse a un auténtico fósil de nuestra galaxia. Las estrellas que forman este cúmulo llevan brillando durante miles de millones de años, mucho antes de que existieran el Sol, la Tierra e incluso nuestra propia historia como especie.
Y esa es precisamente una de las cosas que más me atraen de la astrofotografía.
Porque cuando apuntamos un telescopio hacia un objeto como M13, no estamos simplemente haciendo una fotografía de algo que está muy lejos. Estamos registrando luz que lleva miles de años viajando por el espacio para llegar hasta nosotros.
En este caso, esa luz ha recorrido aproximadamente 25.000 años antes de alcanzar el sensor de mi cámara.
Y los datos de esta imagen están como de costumbre de manera gratuita para los subscriptores del blog de los colores invisibles.

¿Qué es realmente M13?
M13 es un cúmulo globular, una enorme concentración de estrellas unidas por la gravedad.
A diferencia de los cúmulos abiertos, cuyas estrellas están mucho más dispersas y pueden terminar separándose con el paso del tiempo, los cúmulos globulares son sistemas extraordinariamente densos y antiguos.
M13 se encuentra en la constelación de Hércules, a unos 25.000 años luz de la Tierra, y contiene más de 100.000 estrellas.
Todas ellas están concentradas en una región de aproximadamente 150 años luz de diámetro.
Cuando observamos la imagen, especialmente su núcleo, resulta difícil hacerse una idea de las distancias reales que existen entre esas estrellas. Desde nuestra perspectiva parecen formar una especie de enorme esfera luminosa, pero estamos viendo un sistema tridimensional gigantesco, con estrellas distribuidas a diferentes distancias dentro del cúmulo.
Y ahí está uno de los grandes retos fotográficos de M13.
Su núcleo es extraordinariamente denso.
En él se acumulan miles y miles de estrellas en un área muy pequeña del campo de visión. Resolverlas individualmente, mantener su separación y conservar al mismo tiempo una apariencia natural es una de las partes más interesantes del procesado.
Una esfera de estrellas muy antigua
M13 no es solamente espectacular por su aspecto.
También lo es por su edad.
Los cúmulos globulares se encuentran entre las estructuras estelares más antiguas de nuestra galaxia, y M13 contiene estrellas que se formaron hace casi 12.000 millones de años.
Eso significa que estamos contemplando un sistema estelar que existía miles de millones de años antes de que se formara nuestro Sistema Solar.
Cuando el Sol nació, hace unos 4.600 millones de años, M13 ya era un cúmulo estelar extremadamente antiguo.
Pensarlo mientras se procesa una imagen puede resultar casi extraño.
Cada uno de esos puntos que aparecen en la fotografía no es simplemente una estrella más. Es un sol lejano, y muchos de ellos llevan existiendo prácticamente desde las primeras etapas de la historia de nuestra galaxia.
Fotografiar el pasado
Hay una idea que siempre me ha fascinado de la astrofotografía: el cielo que vemos no es el presente.
Cuando miramos M13, estamos viendo cómo era hace unos 25.000 años.
La luz que hoy registra mi cámara salió del cúmulo cuando nuestros antepasados todavía vivían en la Prehistoria.
Durante aproximadamente 25.000 años esos fotones han estado viajando por el espacio hasta llegar finalmente a nosotros.
Y aquí es donde la fotografía astronómica adquiere, para mí, una dimensión especial.
Una exposición de 60 segundos puede parecer insignificante comparada con esas escalas de tiempo, pero cada una de esas exposiciones está recogiendo fotones que llevan miles de años viajando.
Por eso, cuando finalmente vemos aparecer M13 en la pantalla después de integrar cientos de imágenes, no estamos creando esa luz.
Simplemente estamos recogiéndola.
La captura
Para esta imagen he utilizado un Sky-Watcher Explorer 200 PDS de 200 mm, acompañado de una ZWO ASI533MC Pro.
El conjunto está montado sobre una Sky-Watcher NEQ6 Pro, con un enfocador electrónico ZWO EAF y un filtro Optolong L Quad Enhance.
La captura se realizó desde el Observatorio Lyra, en San Justo de la Vega, León, entre el 14 de mayo y el 13 de junio de 2026.
En total:
398 × 60 segundos = 6 horas y 38 minutos de integración.
M13 y nuestra perspectiva
Hay algo particularmente bonito en fotografiar un objeto que, a escala humana, parece completamente inmóvil.
M13 lleva miles de millones de años evolucionando. Sus estrellas orbitan alrededor del centro de masas del cúmulo y, al mismo tiempo, todo el sistema se mueve por nuestra galaxia.
Nosotros solo somos capaces de contemplar una pequeña fracción de ese movimiento.
Nuestra fotografía congela un instante diminuto dentro de una historia que comenzó miles de millones de años atrás.
Y, sin embargo, ese instante queda registrado.
Una cámara, un telescopio y unas horas de integración son suficientes para convertir una pequeña parte de esa historia cósmica en una imagen que podemos contemplar desde la Tierra.
Una última mirada
Cuando termino una imagen como esta, hay algo que intento recordar.
Detrás de cada estrella que aparece en la pantalla hay una historia que empezó mucho antes de que nosotros estuviéramos aquí.
La luz de M13 que hoy podemos contemplar comenzó su viaje hace unos 25.000 años.
Desde entonces ha atravesado el espacio, ha recorrido una distancia difícil incluso de imaginar y, finalmente, algunos de esos fotones terminaron impactando contra el sensor de una cámara en un pequeño observatorio de León.
Y durante unos instantes, una parte de la historia de la Vía Láctea quedó registrada aquí, en la Tierra.
Quizá por eso sigo encontrando algo especial en la astrofotografía.
Porque, en el fondo, no fotografiamos solamente estrellas. Fotografíamos tiempo.





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